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sábado, 16 de marzo de 2013



- ¿NO SE TE OLVIDA NADA? -


Inmaculada Mengíbar


Desayunar croissants en hoteles de mil estrellas.


Despertar


viendo el mar a través de palmeras


inmensas,


buscándonos después de habernos


sumergido


en nuestras propias olas


y volver a la orilla entre risas de sol y zumo de


naranja


empapados de besos. La droga de vivir


pendiente de la droga que era tenerte cerca


(aunque pensar en ti


fue también una forma de tenerte conmigo


durante tantos años),


el terror de los sueños a hacerse realidad


y un miedo inconfesable a no tener excusas,


todo parece hoy tan lejano y tan mío.


Escapar de algo juntos hacia nunca.


Hacia siempre.


O dejar que el azar hiciera de las suyas


y eso nos perdiera.


Escapar de algo juntos.


Tener la vida entera para escondernos


y (¿por qué no me dijiste todo esto,


entonces?)


tener el tiempo justo para meterlo todo


en un poco de tiempo:


la playa, las camisas, los paseos, los libros,


los ratos de silencio, las caricias, las huidas,


las trampas peligrosas donde caemos a


veces,


las palabras que al fin terminan


rescatándonos,


esos vaqueros claros,


la cinta de Iggy Pop que te grabó tu hijo,


los pantalones negros que te sientan tan


bien,


y la cena de anoche,


el postre que pedí de nueces y de fresas,


lo que estuviste a punto de decirme


y callaste.


Desayunar croissants en hoteles de mil


estrellas.


Despertamos


entre un oleaje de coches que se abren


como barcas al mar


–la Gran Vía bebiendo el sol de la mañana–


y un cielo transparente de agua mineral.


La droga de vivir.


Tener el tiempo justo para meterlo todo


en un poco de tiempo:


la chaqueta de cuero que llevabas


el primer día, los planes para volver a vernos,


el colchón en el suelo,


las bebidas de anoche a medio terminar,


una imagen de ti con el pelo mojado


saliendo de la ducha,


el tacto de tu piel todavía en mis dedos,


los vaqueros oscuros,


esa camisa blanca que te sienta tan bien,


las ganas de reír en plena madrugada.


Vámonos. Todo listo.


¿No se te olvida nada?


Ya en el taxi,


Buscábamos palabras para decir adiós


y encontrábamos besos.


Y después, al llegar a la sala de embarque…


Mejor no recordar el aeropuerto


(La realidad no dura mucho tiempo.)






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