DERECHOS DE AUTOR RESERVADOS

Protected by Copyscape Unique Content Checker

jueves, 12 de febrero de 2015

París

A mediados de un verano tormentoso
conociste a una joven ciega en una librería.
Sus dedos acariciaban los adornos
de los lomos, justo cuando estiraste el brazo
y tocaste sus descuidados rizos.
En un parque cercano, sus besos fueron tan certeros
como pellizcos. Cuando le posabas una mano
en la cadera, la costilla o el tobillo, sus ojos
parpadeaban, desmemoriados como las fuentes,
y cualquier movimiento precipitado estaba hecho a tu medida.
Durante toda una semana soñaste
a través de campanas en caída y aves de paso
con un edificio que sobresalía por encima de las iglesias,
tan alto que tu estómago se tambaleaba
y el suelo alzaba el brazo con su estúpido deseo.
Solo se quedó una vez. Afuera, los coches suspiraban
y tonos de lluvia contenían la habitación
en la que su mirada inquieta releía sin descanso el techo,
en la que cada movimiento sacádico se frenaba y repetía,
captando lo que nunca llegarías a entender.
Sam Riviere
(Traducción: Alberto Acerete)

No hay comentarios:

Publicar un comentario